Editorial abril 2020

ORACIÓN Y AYUNO   

En los días de cuaresma, desde el miércoles de ceniza, se nos habla de intensificar la práctica de la oración y el ayuno, junto a las obras de caridad. Y en estos días santos se nos recalcan estas prácticas como medios necesarios para disponernos a una especial vivencia de los misterios de la fe y a la celebración de la Pascua de Jesús.    EL AYUNO     

Sin duda alguna, el ayuno es una práctica saludable para el equilibrio corporal, mental, emocional y espiritual; y se puede practicar por el bien de una de estas dimensiones personales o buscando el beneficio de todas a la vez.    

En esta ocasión hago referencia al ayuno religioso cristiano que está orientado a favorecer la vida espiritual de relación con Dios, de seguimiento de Jesús, de docilidad a las mociones del Espíritu Santo, y de convivencia y fraternidad con todos.     

El ayuno está vinculado con la mortificación, el sacrifico y la privación. Todo ayuno implica mortificación, sacrificio y privación o renuncia. La esencia está en la decisión libre y en las motivaciones, y ahí es donde se marcan las diferencias de mérito o valor de cada ayuno. 

Estamos acostumbrados a relacionar el ayuno con la privación de alimentos, pero en los últimos años se ha extendido su alcance a la renuncia de gustos, caprichos, hábitos, bienes y dineros, y todo ello con el fin de agradar a Dios y ayudar a otros. 

Recuerdo otra forma, y es la mortificación propia y necesaria en los actos de caridad y en la experiencia del amor. Todo ejercicio de la caridad y toda expresión del amor llevan en sí y de por sí la marca de la renuncia. La privación, el sacrificio, el desprendimiento y hasta la mortificación son connaturales a los hechos de caridad y, aún más, a la experiencia del amor que tiene como núcleo el don de sí. 

En este sentido, el ayuno cristiano no es un invento o capricho eclesiástico, sino una realidad que de por si tiene ganado su espacio en la vida de las personas y de la comunidad creyente. 

Cada uno, además de lo básico que pide la Iglesia, podrá identificar (discernir) cuáles son las líneas de ayuno que le convienen, de acuerdo a sus condicionamientos personales y de acuerdo a los requerimientos de la realidad que lo circunda. 

Finalmente, recuerdo el pasaje del Evangelio donde Jesús libera de un demonio a un joven a quien habían querido auxiliar infructuosamente sus discípulos, a lo que Jesús aclara que a ese tipo de afectaciones solo se le corta su poder a base de oración y ayuno (mirar Marcos 9,14-29). 

Jesús había permanecido cuarenta días con sus noches en ayuno y oración en preparación a su ministerio público, y frecuentemente se reiteraba para jornadas diurnas o nocturnas de oración y ayuno.  El ayuno ayuda a unificar la persona, a enfocarla, a centrarla en lo que le corresponde, a disponerla para su misión y realización de sus metas, propósitos y opciones. 

El ayuno libera, desata, desbloquea en orden a la realización de los ideales y anhelos más profundos. El ayuno ayuda a disciplinar el cuerpo, refrenar las pasiones, moderar las emociones, despejar la mente y a unificar el espíritu. 

El ayuno es un don, una gracia, es bastón en el peregrinaje hacia la plenitud, hacia la excelencia del amor y hacia la unión con Dios y los demás. 

LA ORACIÓN 

Orar es trato de amor con quien sabemos nos ama, dice Santa Teresa de Jesús. Orar es zambullirse en el corazón de Dios, es entrar en el mundo de lo Divino, es instalarse en el orden de cosas de Dios. 

Una cosa es el rezo y otra la oración. El rezo puede y debe formar parte de la oración. La oración es mucho más que el rezo, lo recoge, lo implica; el rezo es una actividad, la oración es una experiencia, la experiencia de la presencia de Dios en mi, en mi corazón, en mi ser, la experiencia de mi unión con él, con su ser. Por eso es que se habla de estar en permanente oración, de llevar una vida orante. 

La oración unifica el espíritu y así todo nuestro ser. 

Como en la práctica del ayuno, cada cual debe identificar (discernir) los caminos más apropiados para acercarse a Dios y entrar en trato personal con él, de acuerdo a su carácter, sus situaciones personales y la realidad que lo rodea. Cada uno debe descubrir sus ritmos de oración e identificar los modos, lugares y horarios que facilitan sus momentos especiales de oración. 

Vale la pena decir que quien conoce la oración conoce el cielo, sabe que existe el cielo y sabe del gozo inexpresable de la experiencia de cielo. 

Oración y ayuno dan fuerza y autoridad moral, intelectual, espiritual y, ante todo, ensanchan la capacidad de amar hasta la experiencia del amor con dimensión de eternidad. Esa era la autoridad que tenía Jesús y con la cual quitaba fuerza al mal y derrumbaba sus efectos. Con esa autoridad expulsó el demonio que arruinaba el ser y la vida de aquel joven del Evangelio; autoridad que no tenían sus discípulos, faltos de ayuno y oración. .    

 

Pbro. Ovidio Giraldo Velásquez 

Director Red de Nueva Evangelización  

      

COROLARIO: 

La solidaridad y la caridad configuran nuestra arca de Noé para sobrellevar esta situación diluvial que se nos vino encima a raíz de la pandemia, pero los ejercicios de solidaridad y los actos de caridad requerirán de cada uno no pocos sacrificios y privaciones, además de un retorno a la intimidad con Dios y con nosotros mismos, requerirán de nosotros oración y ayuno   

Fecha: 20 de Abril de 2020
Lugar: Colombia
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