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Domingo, 14 de abril   de 2019

Domingo de Ramos


  Lucas 22, 14-23, 56 

" He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer "

 

C. Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:  

+ - «He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.»  

C. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo:  

+ - «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.»  

Haced esto en memoria mía  

C. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:  

+ - «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»  

C. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:  

+ - «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»  

¡Ay de ése que entrega al Hijo del hombre!  

«Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero, ¡ay de ése que lo entrega!»  

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.  

Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve  

C. Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Jesús les dijo:  

+ - «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve.  

Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.  

Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi reino, y os sentaréis en tronos para regir a las doce tribus de Israel.»  

Tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos  

C. Y añadió:  

+ - «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.»  

C. Él le contesto:  

S. -«Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte.»  

C. Jesús le replicó:  

+ - «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme.»  

Tiene que cumplirse en mí lo que está escrito  

C. Y dijo a todos:  

+ - «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?»  

C. Contestaron:  

S. - «Nada.»  

C. Él añadió:  

+ - «Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la alforja; y el que no tiene espada, que venda su manto y compre una. Porque os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: Fue contado con los malhechores." Lo que se refiere a mí toca a su fin.»  

C. Ellos dijeron:  

S. - «Señor, aquí hay dos espadas.»  

C. Él les contesto:  

+ - «Basta.»  

En medio de su angustia, oraba con más insistencia  

C. Y salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:  

+ - «Orad, para no caer en la tentación.»  

C . Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba, diciendo:  

+ - «Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»  

C - Y se le apareció un ángel del cielo, que lo animaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como de gotas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:  

+ - «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación.»  

Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?  

C. Todavía estaba hablando, cuando aparece gente; y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.  

Jesús le dijo:  

+ - «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?»  

C. Al darse cuenta los que estaban con él de lo que iba a pasar, dijeron:  

S. - «Señor, ¿herimos con la espada?»  

C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.  

Jesús intervino, diciendo:  

+ - «Dejadlo, basta.»  

C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él:  

+ - «¿Habéis salido con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros, y no me echasteis mano. Pero ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas.»  

Pedro, saliendo afuera, lloró amargamente  

C. Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro se sentó entre ellos.  

Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo:  

S. - «También éste estaba con él.»  

C. Pero él lo negó, diciendo:  

S. - «No lo conozco, mujer.»  

C. Poco después lo vio otro y le dijo:  

S. - «Tú también eres uno de ellos.»  

C. Pedro replicó:  

S. - «Hombre, no lo soy.»  

C. Pasada cosa de una hora, otro insistía:  

S. - «Sin duda, también éste estaba con él, porque es galileo.»  

C. Pedro contestó:  

S. - «Hombre, no sé de qué me hablas.»  

C. Y, estaba todavía hablando, cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente.  

Haz de profeta; ¿quién te ha pegado?  

C. Y los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él, dándole golpes.  

Y, tapándole la cara, le preguntaban:  

S. - «Haz de profeta; ¿quién te ha pegado?»  

C. Y proferían contra él otros muchos insultos.  

Lo hicieron comparecer ante su Sanedrín  

C. Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y escribas, y, haciéndole comparecer ante su Sanedrín, le dijeron:  

S. - «Si tú eres el Mesías, dínoslo.»  

C. Él les contesto:  

+ - «Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder.  

Desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso.»  

C. Dijeron todos:  

S. - «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?»  

C. Él les contestó:  

+ - «Vosotros lo decís, yo lo soy.»  

C. Ellos dijeron:  

S. - «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.»  

C. Se levantó toda la asamblea, y llevaron a Jesús a presencia de Pilato.  

No encuentro ninguna culpa en este hombre  

C. Y se pusieron a acusarlo, diciendo:  

S. - «Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey.»  

C. Pilato preguntó a Jesús:  

S. - «¿Eres tú el rey de los judíos?»  

C. Él le contestó:  

+, - «Tú lo dices.»  

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:  

S. - «No encuentro ninguna culpa en este hombre.»  

C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:  

S. - «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.»  

C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.  

Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio  

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra.  

Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.  

Pilato entregó a Jesús a su arbitrio  

C. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:  

S. - «Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.»  

C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa, diciendo:  

S. - «¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.»  

C. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.  

Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:  

S. - «¡Crucifícalo, crucifícalo!»  

C. Él les dijo por tercera vez:  

S. - «Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré.»  

C. Ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío.  

Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.  

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí  

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.  

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él.  

Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:  

+ - «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: "Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado." Entonces empezarán a decirles a los montes: "Desplomaos sobre nosotros", y a las colinas: "Sepultadnos"; porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasara con el seco?»  

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.  

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen  

C. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.  

Jesús decía:  

+ - «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»  

C. Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte.  

Éste es el rey de los judíos  

C. El pueblo estaba mirando.  

Las autoridades le hacían muecas, diciendo:  

S - «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»  

C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:  

S. - «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»  

C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.»  

Hoy estarás conmigo en el paraíso  

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:  

S. - «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»  

C. Pero el otro le increpaba:  

S. - «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.»  

C Y decía:  

S. - «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.»  

C. Jesús le respondió:  

+ - «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»  

Padre,a tus manos encomiendo mi espíritu  

C. Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:  

+ - «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.»  

C. Y, dicho esto, expiró.  

Todos se arrodillan, y se hace una pausa  

C. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo:  

S. - «Realmente, este hombre era justo.»  

C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvía dándose golpes de pecho.  

Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.  

José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro excavado  

C. Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos), que era natural de Arimatea, pueblo de Judea, y que aguardaba el reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca,  

donde no habían puesto a nadie todavía.  

Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta, prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento  

.

Lecturas:

 

Isaías 50, 4-7  

"No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado"


Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento.  

Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.  

El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.  

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado .


Salmo responsorial: 21   

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: "Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere." R.  

Me acorrala una jauría de mastines,  

me cerca una banda de malhechores;  

me taladran las manos y los pies,  

puedo contar mis huesos. R.  

Se reparten mi ropa,  

echan a suertes mi túnica.  

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;  

fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.  

Contaré tu fama a mis hermanos,  

en medio de la asamblea te alabaré.  

Fieles del Señor, alabadlo;  

linaje de Jacob, glorificadlo;  

temedlo, linaje de Israel . R..


Filipenses 2, 6-11  

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo .  

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios;  

al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.  

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.  

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre";  

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo,  

y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre .   


REFLEXIÓN   


El tema central de las lecturas del Domingo de Ramos, como bien puede verse, es el del Mesianismo. Éste tiene varias etapas en la Biblia. «Mesías» es una palabra hebrea, que significa «ungido», que en griego se dice «xristós». Claro, lo importante de ungir a alguien es que era que ese acto, la unción, se hacía para dar a una persona el mandato de ir, se le enviaba con poderes, se le encomendaba una misión. Por eso, las palabras Mesías y Xristós, que significan el Ungido, se refieren a aquel personaje que el pueblo de Israel esperaba, un líder carismático descendiente de David que habría de instaurar definitivamente en la tierra «el derecho y la justicia».  

En el Primer Testamento es Isaías el profeta que más profetiza y anuncia la llegada del Mesías de Dios, mesías que él entiende como el Siervo de Yavé que llega. El Mesías es para el profeta la gran realidad de Dios viviendo con nosotros, la realidad del gran restaurador que libera de la esclavitud, de la gran violencia (violencia estructural diríamos hoy), de la gran miseria (pobreza extrema y masiva diríamos actualmente) a la que ha sido condenado el pueblo de Dios (los muchos pueblos de Dios). El Mesías, en su calidad de Ungido de Yavé, no es sino su enviado, su representante, el encargado de promulgar sus designios.  

La idea del Mesías y de los tiempos mesiánicos estaba fundada en la esperanza de que Dios cumpliera plenamente las promesas hechas al pueblo elegido, a la nación que se creía a sí misma la elegida por Dios. La llegada del «Mesías» es la instauración del reinado de Dios en la historia y en el tiempo, y es allí donde, según la concepción judía (según, pues, un pensamiento muy humano, no según una revelación divina), Israel se vengaría de los «paganos» (la mayor parte de ellos tan religiosos como los propios israelitas), de los no judíos.  

La idea mesiánica del Primer Testamento está basada en la fuerza político-militar de un enviado del Dios de Israel para dominar a todas las naciones de la tierra y hacer que Israel se convierta en una nación fuerte y poderosa capaz de someter a todos los pueblos que no tienen a Yavé por Dios. Como se ve, un mesianismo muy humanamente comprensible...  

El Mesianismo es una de las herencias que el Segundo Testamento recibe de la tradición veterotestamentaria. En tiempo del Nuevo Testamento, gobernado el mundo de entonces por Roma con toda su fuerza, riqueza y pretensiones, también hay grupos mayoritarios que esperan la llegada definitiva de un Mesías que los liberará del domino explotador romano. Todos esperaban entonces la intervención de Dios en la historia a través de un líder que fuera capaz de derrocar el poder imperial y hacer de Jerusalén la gran capital de Israel.  

 

En el ciclo C de la liturgia leemos el relato de la Pasión del Señor según Lucas. Consideremos las características teológicas que nos presenta este relato.  

Lucas, como es sabido, es considerado el evangelista de la misericordia, o lo que es lo mismo, como el evangelista del amor infinito de Dios que se ha manifestado en Jesucristo. Ninguno de los evangelistas ha percibido como él la sensibilidad del amor del Padre, que se deja sentir de manera especial entre los pobres, entre los que sufren, entre los marginados. No es difícil constatar en el evangelio de Lucas la preocupación de Jesús por los débiles, las viudas, los huérfanos, las mujeres, los pecadores...  

Este mismo interés se manifiesta en la narración de los acontecimientos de la Pasión del Señor. En primer lugar, porque todo este relato está sustentado por un conocimiento del alma de Jesús, cuya intimidad nos es desvelada por el evangelista cuando nos deja ver su estrecha relación con el Abbamisericordioso, en los momentos de oración (Lc 22,42); o cuando su Padre le da valor en medio del sufrimiento (Lc 22,43).  

En segundo lugar, la cruz aparece en este relato de la Pasión como un verdadero sacramento del amor divino: la revelación de la misericordia en medio del sufrimiento. Lucas no pone la atención en los aspectos negativos y crueles de esta situación. En su narración se omiten recuerdos o referencias que aparecen en los otros evangelistas como la flagelación o la coronación de espinas que sirven para inculpar a los que llevaron a Jesús a la muerte. Lucas nos quiere hacer descubrir el amor del Padre hacia su Hijo y hacia todos los seres humanos, aún en esta situación de dolor. Jesús no aparece abandonado en el Calvario (no se cita a Zac 13,6 sobre la dispersión del rebaño): está acompañado de amigos y conocidos (Lc 23,49 en contraposición con Mt 27,55-56 y Mc 15,40-41). Y reemplaza el grito del Salmo 21 (22) que cita Mateo por la manifestación ilimitada de confianza del Salmo 30,6 (31,6): “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.  

A la luz de todo esto es comprensible el papel que desempeña en este relato de la Pasión la actitud del perdón, sólo explicable desde el misterio de la misericordia. En definitiva todo el mundo queda limpio y se insiste en hechos positivos, sólo explicables desde la virtud reconciliadora del sufrimiento de Jesús o desde su actitud de perdón: el caso de Pilato (Lc 23,4.13-15.20-22); el del agresor a quien Pedro cortó una oreja y que es sanado por Jesús (Lc 22,51); el de Pedro (Lc 22,61); el de todos los judíos (Lc 23,34); el del malhechor bueno (Lc 23,39-43); el del centurión (Lc 23,47); el de la reconciliación entre Herodes y Pilato (Lc 23,6-12).  

Jesús aparece claramente como el inocente, el justo perseguido. Aun en el proceso de los romanos, Pilato proclama la inocencia de Jesús. El centurión también reconoce su inocencia.  

Sólo en Lucas Jesús se dirige con palabras consoladoras a las mujeres que de lejos los siguen. Realmente, Lucas ha sido llamado el evangelio de las mujeres y de la misericordia con los más pobres e ignorados, y las mujeres hacían parte de la clase marginada en Israel. Pero para Jesús, en todo el evangelio de Lucas, las mujeres hacen parte del discipulado y merecen un trato respetuoso. Ahora, camino del Calvario, la fidelidad de las mujeres a su maestro es reconocida por el Señor.  

La Pasión y la muerte de Jesús son una verdadera revelación: la manifestación de la misericordia del Padre. Sólo quien ha comprendido una actitud tan conmovedora, como la que nos trae este evangelio en la parábola del padre misericordioso, podrá entender por qué el evangelista ha mirado así el misterio del sufrimiento y de la muerte de Jesús.  

Lucas concibió el relato de la Pasión como una contemplación de Jesús. Por eso este relato es una invitación al lector-oyente a aproximarse a Jesús, a seguirlo, a llevar con él la cruz de cada día (9,23). En la palabra que dirige en la cruz al malhechor arrepentido, ese ‘hoy’ nos remonta a Lc 4,21 cuando en la sinagoga de Nazaret, Jesús declara que “hoy se ha cumplido” el pasaje de Is 61,1-2 que acababa de leer. El tiempo se ha cumplido y él, que ha venido para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año de gracia del Señor” ha cumplido su misión, porque va a morir colgado de la cruz, pero seguirá viviendo en medio de nosotros.  

 

Nota para lectores críticos  

El evangelio de hoy es más largo que de ordinario, comprende toda la Pasión de Jesús, por lo que muchas homilías hoy serán más breves. También el viernes santo se leerá la Pasión, según san Juan. Y durante toda la semana, la Semana Santa, el trasfondo litúrgico-espiritual es ése: la pasión y muerte de Jesús. Es pues un momento apropiado para plantearse algunos criterios críticos respecto a la interpretación de la pasión de Jesús en su significado de conjunto.  

Si somos cristianos, y si el cristianismo profesa la convicción de la significación salvadora de Jesús, necesitamos tener un «modelo soteriológico» («sotería» = salvación), o sea, una explicación de qué es eso, y cómo se entiende eso que decimos de que Jesús salva a la humanidad. Es claro que esto es el corazón de la fe cristiana.  

Pues bien, en la historia ha habido varios «modelos soteriológicos».  

El modelo que nos ha llegado a nosotros es, fundamentalmente, el que en el siglo XI elaboró san Anselmo de Canterbury (nacido italiano) sobre la tradición jurídica del derecho romano. En el sentido siguiente. El ser humano ofendió a Dios con el pecado original, y con ello se rompieron las relaciones de Dios y la humanidad. Dios fue ofendido en su dignidad, y el ser humano quedó privado de la gracia de la relación con Dios y no tenía capacidad para superar esta situación, pues aunque había ofendido a Dios, no tenía capacidad para reparar una ofensa de carácter infinito. En su obra Cur Deus homo? (¿Por qué Dios se hizo hombre?) Anselmo elabora la teoría de la «satisfacción penal sustitutoria»: Jesús muere en sustitución de la humanidad pecadora culpable, para satisfacer con su pasión y muerte la dignidad ofendida de Dios, restableciendo así las relaciones de Dios con la humanidad.  

Por una parte, hay que hacer notar que esta explicación, que nos ha llegado a todos nosotros en una tradición tan longeva, no deja de ser «una» explicación, la del siglo XI en concreto; es decir: no es «la» explicación, no es la única. Más importante todavía: no está en el Nuevo Testamento, es una elaboración teológica muy posterior, que asume las categorías y la lógica del derecho romano «recepcionado» en el mundo feudal europeo de la alta Edad Media; o sea, ha sido pensada dentro del contexto mental del derecho inapelable y absoluto de los señores, la servidumbre natural de los siervos, las obligaciones jurídicas (del derecho romano) relativas a la ofensa y a la satisfacción o reparación. Es la teología de la «redención», del redimir, «re-d-emere», «re-comprar» al esclavo para liberarlo de su antiguo dueño.  

Esta teología, actualmente insostenible, es, sin embargo, la que la mayor parte de los cristianos y cristianas, incluyendo a muchos agentes de pastoral, tienen todavía hoy en su conciencia, en su comprensión del cristianismo, o en su subconsciente al menos. Y es para muchos de ellos «la» explicación mayor del misterio cristiano, el misterio de la «Redención».  

 

Hay que recordar que los modelos soteriológicos, como todo el resto de la teología, no dejan de ser un lenguaje metafórico, y que la metáfora nunca debe ser tomada al pie de la letra, tanto sea en un sentido directo como en un sentido metafísico, sobre todo en el segundo término al que traslada el sentido (“meta-fora” = cambio, traslado de sentido). Las teologías y los modelos soteriológicos se apoyan sobre las lógicas y los símbolos de las culturas en las que son creados. Por eso, cuando la evolución cultural cambia de lógica y de símbolos, esos modelos soteriológicos, y en general, esas teologías, aparecen crecientemente desfasadas, se hacen incluso ininteligibles, y finalmente quedan obsoletas. La visión de Dios como «Señor» feudal irritado por una ofensa de la primera pareja humana... para cuyo aplacamiento habría sido necesaria la reparación de la ofensa por medio de la muerte cruel y cruenta de su Hijo, es una imagen de Dios hoy sencillamente insostenible, e inaceptable. La sola idea de que un mítico pecado de Adán y Eva hubiera torcido los planes de Dios, y hubiera sumido en las tinieblas del pecado y del alejamiento de Dios a toda la humanidad desde la primera pareja, durante miles y miles de años –hoy la ciencia nos dice que habrían sido millones de años-, hasta la aparición de Jesús, es absolutamente inaceptable para la mentalidad actual. La misma fórmula jurídica de la «satisfacción sustitutoria» resulta hoy día inviable desde los mínimos éticos de nuestra época. Un Dios así resulta increíble, provoca ateísmo, con razón.  

Si este modelo nos parece hoy día sobrepasado, no debemos dejar de considerar que ha habido otros modelos todavía más inadecuados. En el primer milenio la teología dominante, en efecto, no fue la de la «satisfacción sustitutoria», sino la del «rescate»: por el pecado de Adán la humanidad había quedado «prisionera del demonio», literalmente bajo su poder (sic). Según san Ireneo de Lyon (+ 202) y Orígenes (+ 254) el Diablo tendría un «derecho» sobre la humanidad, debido al pecado de Adán. Jurídicamente, la humanidad estaba bajo su dominio, «le pertenecía», y Dios «quiso actuar con justicia incluso frente al Diablo» (Ireneo, Adversus Haereses, V, 1,1), al anular tal derecho sólo mediante el pago de un rescate adecuado. Para ello, entregó a su Hijo a la muerte, a fin de liberar a la humanidad del dominio «legítimo» del diablo. San Agustín lo dice aún más explícitamente: Dios decretó «vencer al Diablo no mediante el poder, sino mediante la justicia» (De Trinitate XIII, 17 y 18).  

Este modelo del «rescate pagado al Diablo» para rescatar a la humanidad, aún resuena en las personas que tuvieron una formación cristiana. Pero hoy nos resulta no sólo inaceptable, sino inimaginable, y hasta grotesco: no podemos aceptar un Diablo, concebido como un contra-poder cuasi-divino, que está apostado frente a Dios y que retiene a la humanidad bajo su poder, durante milenios, hasta que es «justamente resarcido» por Dios, nada menos que con la muerte del Hijo de Dios, un Diablo que sólo así sería «derrotado por la victoria de Cristo»...  

 

¿Qué queremos decir con todo esto? Muchas cosas:  

-que las teologías son metafóricas, no narraciones históricas, ni tampoco descripciones metafísicas;  

-que las teologías son muchas, variadas, no sólo una... y que cuando adoptamos una de ellas no debemos nunca perder de vista que se trata sólo de «una» teología, no de «la» teología;  

-que las teologías son contingentes, no necesarias;  

-que son elaboraciones humanas, no revelaciones divinas bajadas del cielo, y que están construidas con elementos culturales de la sociedad en la que han sido concebidas;  

-que son también transitorias, no eternas, y que con el tiempo y los cambios culturales pierden plausibilidad y hasta inteligibilidad, y que pueden acabar resultando inaceptables e incluso desechadas;  

-que los agentes de pastoral que atienden al Pueblo de Dios han de estar atentos a no prolongar la vida de una teología sobrepasada, superada, que ya no habla de un modo adecuado a las personas de hoy;  

-que pueden (y deben) tratar de encontrar nuevas imágenes, nuevos símbolos, nuevas respuestas interpretativas de parte de nuestra generación actual a las preguntas de siempre.  

Concluimos: la Semana Santa es una ocasión privilegiada para plantearnos la necesidad de la revisión de nuestros esquemas teológicos fundamentales y de la urgencia de abrirnos a nuevos lenguajes.  

Fuente: servicioskoinonia.com

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