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Jueves

Jueves, 16 de agosto de 2018

Lecturas:
Ezequiel 12, 1-12

Emigra a la luz del día, a la vista de todos.

Salmo responsorial: 77

No olvidéis las acciones de Dios.
 

  Mateo 18,21-29  
 
"No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete "
 
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: "Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?". Jesús le contestó: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete".

Y les propuso esta parábola: "Se parece el Reino de los cielos a un rey que quiso ajustar cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía tres mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo". El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo extrangulaba diciendo: "Págame lo que me debes". El compañero, arrodillándose a sus pies, le rogaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré".

Pero él se negó, y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?". Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano". Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

 

 

  REFLEXIÓN
 
Lo simbólico es inherente a la persona y al mensaje del profeta, haciéndolo un referente de la voluntad de Dios en la cotidianidad de su pueblo. La profecía no descansa (mañana, tarde, noche), habla permanentemente a la conciencia. El perdón de las deudas es esencial en el código interno de la comunidad discipular, un modo de vida habitual que ha de caracterizarle. Es un gesto que remite al perdón que nos viene del Señor, y al llamado urgente a una práctica efectiva de la misericordia en nuestras relaciones, maltrechas por reiterados y repetitivos desencuentros. Las situaciones difíciles reclaman sumar la reconciliación al perdón, dejando que nuestra aparente generosidad (¿hasta siete veces?), sea desbordada y sanada por la misericordia del Padre, que no tiene límites (setenta veces siete). El obsesivo y compulsivo seguimiento de las "deudas" de los hermanos, nos convierte en crueles y despiadados acreedores, al mejor estilo de las instituciones financieras internacionales con nuestros países ¿Sentimos el clamor de una auténtica ecología humana, desde la praxis de la misericordia y el perdón?.

 
Fuente: Servicios koinonia
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